Pero estoy aquí, en un mundo bastante frío, en donde un abrazo no lo encuentro tan fácil como se encuentran allá y me refugio en las personas con las que trabajo y realizo un taller de expresión corporal en donde noto que hoy más que nunca necesito un abrazo confortable, de gente que me quiera.
A veces las tardes son aburridas, solitarias y no tengo a quien acudir, si estoy muy feliz no tengo a quien contarle, si tengo pena no tengo con quien llorar y me pregunto, será que soy tan fuerte como creí serlo, a veces siento que soy más débil de lo que creí, me gustaría dejar de aparentar fuerza.
No niego que la experiencia de estar acá es impresionante, que he aprendido mucho y que hay personas muy simpáticas, pero quedamos hasta ahí, simpatía no más, porque lazos mas profundos no he podido desarrollar y creo que en parte es que porque todos saben que me voy y yo lo se también, entonces nadie quiere asegurar sufrimiento.
Aprendí un nuevo lenguaje y a veces hasta me impresiono de lo que estoy viviendo, de estar acá en Brasil en un país desconocido con un lenguaje diferente y una cultura particular, y cuando hago eso consciente me impresiono de todo esto.
Me gustaría al menos tener una sola persona de verdad sincera y transparente a mi lado, no preciso de muchos amigos, solo de una persona incondicional.
Me he dado cuenta acá de la importancia del cariño, de ese del que yo huía o buscaba de manera implícita, ahora puedo decir a gritos que quiero caricias, besos y abrazos.